Cuando los Felinos eran Dioses: El misterio del gato egipcio

Cuando los Felinos eran Dioses: El misterio del gato egipcio

Cuando los maullidos eran sagrados

Si hoy tu gato se estira con elegancia, gira la cabeza con aire de superioridad y parece estar juzgándote desde el sofá… tal vez no sea soberbia. Tal vez sea memoria ancestral.
Porque hubo un tiempo —hace más de 3.000 años— en que los gatos no solo eran admirados: eran dioses.

En el Antiguo Egipto, estos felinos eran símbolos de protección, fertilidad, alegría y poder femenino. Su sola presencia en un hogar era considerada una bendición. Y si un gato te elegía para compartir su compañía, era casi como si los dioses te hubieran sonreído.

El gato egipcio, ágil y misterioso, no solo conquistó los corazones de sus cuidadores humanos, sino también su religión, su arte y su política. Los egipcios no los domesticaron; más bien, los gatos domesticaron a los egipcios.

Bastet: la diosa con forma de gato

La guardiana del hogar y del corazón

Entre todas las deidades del panteón egipcio, una brilla con luz felina: Bastet, la diosa con cabeza de gata.
Era la protectora del hogar, las mujeres y los niños; la encarnación de la dulzura, la fertilidad y el gozo de la vida. Pero no te equivoques: también sabía mostrar las garras. Bastet podía transformarse en una feroz leona cuando había que proteger a los suyos.

Su culto floreció especialmente en la ciudad de Bubastis, donde su templo era un lugar de celebración y devoción. Las crónicas antiguas dicen que durante sus festivales, los egipcios cantaban, danzaban y bebían vino en honor a la diosa felina. Miles de personas viajaban desde todo el país solo para rendir homenaje a Bastet y sus gatos sagrados.

El culto de los gatos sagrados

En Bubastis y otras ciudades del Nilo se han encontrado miles de gatos momificados, cuidadosamente envueltos y depositados en tumbas junto a sus dueños o como ofrendas.
No eran simples mascotas: eran seres sagrados, intermediarios entre humanos y dioses.

El arqueólogo Auguste Mariette descubrió en el siglo XIX catacumbas repletas de gatos momificados. Algunos estaban acompañados de amuletos de oro, pendientes y pequeños vasos canopos. Era la prueba de que el amor por los gatos trascendía la vida y la muerte.

De guardianes del hogar a protectores del alma

Cazadores con propósito divino

En un país donde el Nilo lo era todo, mantener las cosechas a salvo era una cuestión de supervivencia. Los gatos se convirtieron en aliados esenciales al mantener a raya a ratas y serpientes que amenazaban los graneros.
Pero los egipcios, siempre atentos a los símbolos, vieron más allá: esa vigilancia natural del gato era también una manifestación del orden divino, el maat —la armonía universal que debía mantenerse a toda costa.

Gatos, espíritus y renacimientos

Los egipcios creían que los gatos podían ver lo invisible. Su mirada —amplia, fija, casi hipnótica— era una ventana al más allá. Se pensaba que los felinos podían guiar las almas o advertir la presencia de espíritus.

De ahí que tener un gato en casa no solo fuera útil, sino espiritualmente protector. Su ronroneo calmaba no solo el cuerpo, sino también el alma.
Al morir, muchos gatos eran enterrados con ritos sagrados, a menudo acompañados de alimentos, perfumes y juguetes. En algunos casos, los dueños también se afeitaban las cejas en señal de duelo.

Matar a un gato: un pecado imperdonable

Tan profunda era la veneración que matar a un gato, incluso accidentalmente, podía castigarse con la muerte.
Heródoto, el historiador griego, relató que cuando un gato moría en una casa egipcia, toda la familia entraba en duelo, y nadie se atrevía a tocar o mover al animal.
En las batallas, los enemigos incluso usaban imágenes de gatos o soltaron felinos reales, sabiendo que los soldados egipcios nunca atacarían a un gato, ni siquiera en guerra.

Bastet y Sekhmet: dos caras del mismo rugido

La mitología egipcia tenía la fascinante costumbre de fusionar lo divino con lo animal. Bastet, la gata amable, tenía una contrapartida: Sekhmet, la leona de la guerra y la venganza.
Ambas representaban los dos lados del alma felina: ternura y furia, calma y poder.

Shehmet Cuando los Felinos eran Dioses: El misterio del gato egipcio
Sekhmet, diosa egipcia simbolo de la fuerza y el poder

Bastet cuidaba del hogar, Sekhmet protegía el reino. Bastet simbolizaba la paz interior; Sekhmet, la energía destructora que purifica y renueva.
Quizá, sin saberlo, los egipcios estaban describiendo el carácter de cualquier gato doméstico: amoroso un minuto, y cazador indomable al siguiente.

Gatos en el arte y la vida cotidiana

Símbolos de estatus y elegancia

Los gatos aparecían en pinturas, relieves y esculturas, acompañando a mujeres nobles y faraones. Un gato bajo la silla de una dama era símbolo de belleza, gracia y fertilidad.
En algunas tumbas, se los retrata participando en banquetes, cazando aves o jugando bajo la mesa. Era la forma de expresar que la felicidad terrenal debía acompañar al alma también en el más allá.

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Amuletos y ojos que todo lo ven

El “ojo de gato” fue un motivo recurrente en la joyería egipcia. Se creía que su brillo protegía del mal de ojo y atraía la buena suerte.
Los amuletos con forma de gato, tallados en piedra o metal, eran usados por hombres y mujeres, faraones y campesinos por igual.
El poder felino no conocía jerarquías: todos querían tener un poco de Bastet a su lado.

De dioses a demonios (y de vuelta a reyes del sofá)

Con la expansión de otras culturas y religiones, la imagen del gato cambió. En Grecia y Roma siguieron siendo admirados, pero en la Edad Media europea pasaron de símbolos de divinidad a sospechosos de brujería.
El legado egipcio quedó enterrado bajo supersticiones y miedos.

Sin embargo, el tiempo —y los maullidos— ponen todo en su sitio.
Hoy los gatos han recuperado su trono, aunque ahora el altar es un sofá, y los templos son nuestras casas.

Los nuevos faraones del hogar

Cuando tu gato ocupa el centro de la cama, exige comida a su hora exacta o te mira con esa calma imperturbable, está reencarnando siglos de veneración.
Quizá ya no lo adoramos con incienso y estatuillas, pero sí con latas gourmet y juguetes de plumas.
Y si alguna vez crees que tu gato se comporta como un dios… bueno, es porque lo fue.

El legado felino: de Bastet al presente

Arqueología viva

Hoy, los arqueólogos siguen descubriendo templos y tumbas que confirman la profunda conexión entre los egipcios y sus gatos. En 2018, se hallaron en Saqqara más de un centenar de momias de gatos, junto a figuras de bronce dedicadas a Bastet.
Cada descubrimiento nos recuerda que el vínculo entre humanos y felinos no nació del capricho, sino de una relación espiritual y simbiótica.

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Bastet en la cultura moderna

La influencia de Bastet sigue viva: aparece en películas, cómics, videojuegos y hasta tatuajes. Su figura representa la feminidad, la protección y el misterio, pero también el amor incondicional que los gatos inspiran en nosotros.
En muchos sentidos, seguimos venerando a Bastet, solo que con nuevos rituales: selfies, adopciones y ronroneos compartidos.

Cuando miras a tu gato, Bastet te devuelve la mirada.

Los egipcios no estaban tan equivocados. En cada gato hay un fragmento de lo divino: esa mezcla perfecta de calma y poder, independencia y ternura.
Cuando tu gato se enrosca en tu regazo o te observa desde la distancia, tal vez no te esté juzgando… tal vez te esté recordando un antiguo pacto entre humanos y felinos.

Un pacto sellado bajo las arenas del Nilo, cuando los gatos eran dioses y los humanos aprendían a adorarlos.

Hasta el próximo ronroneo.
— GATO, donde los humanos escriben… y los gatos mandan.

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