Los gatos en el arte

Los gatos en el arte

No hace falta ser experta en arte para notar que los gatos tienen algo especial.
Esa manera de moverse, tan suave y tan segura, parece sacada de un cuadro.
Y esa mirada… bueno, hay días que parece que entienden todo, y otros que simplemente te están ignorando con elegancia.

Quizás por eso, desde hace siglos, los artistas no han podido resistirse a incluirlos en sus obras. En esculturas, pinturas, tapices o carteles, los gatos siempre han estado ahí: a veces como símbolo de misterio, otras como compañía silenciosa… pero siempre dejando su huella.

Los primeros artistas gatunos: los egipcios

Bastet-5 Los gatos en el arte

Los egipcios fueron los primeros en dejar claro que los gatos merecían ser admirados.
No solo los querían: los veneraban. La diosa Bastet —mitad mujer, mitad gata— era símbolo de protección y alegría. En sus templos, miles de gatos momificados descansaban como ofrenda.

Y no lo hacían por superstición, sino porque creían que los gatos conectaban lo humano con lo divino. Eran protectores, cazadores y guardianes espirituales.
A veces pienso que tenían razón… cuando mi gato se sienta en el pasillo mirando la nada, estoy convencida de que ve algo que yo no.

Da-vinci Los gatos en el arte
Study Sheet with Cats, Dragon and other Animals (c. 1513) por Leonardo da Vinci.

Durante el Renacimiento, los artistas europeos comenzaron a pintar a los gatos no solo por su belleza, sino por lo que representaban.
Leonardo da Vinci, por ejemplo, estaba completamente fascinado por ellos. En sus cuadernos hay dibujos de gatos en todas las posturas posibles: durmiendo, jugando, estirándose. Decía que “el más pequeño felino es una obra maestra”, y sinceramente, ¡no puedo estar más de acuerdo!

Más adelante, pintores como Diego Velázquez o Francisco de Goya también los incluyeron en sus retratos, muchas veces junto a mujeres. El gato se convirtió en símbolo de elegancia, libertad… y también de un pequeño toque de rebeldía.
Porque, claro, un gato no obedece a nadie. Y eso, para un artista, siempre es inspirador.

Rina_de_gatos-Francisco-de-Goya-1024x286 Los gatos en el arte
Cats Fighting (1786) por Goya.

En esta obra, al pie derecho de la composición aparece un gato descansando. Es un detalle pequeño, pero significativo: el gato, tranquilo en un espacio donde muchas figuras humanas trabajan, se interpreta como símbolo de libertad, vigilancia pasiva o contraste con la actividad humana. La obra está en el Museo del Prado (Madrid).

París, bohemia y gatos negros

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Cartel de la gira de «Le Chat Noir» (1896) por Rodolphe Salis.

A finales del siglo XIX, los gatos se hicieron famosos otra vez, pero esta vez en los cafés y estudios de París. Allí, los artistas los veían como compañeros nocturnos, independientes y con mucha personalidad.

De esa época salió el famoso cartel Le Chat Noir, con ese gato negro de mirada intensa que todos hemos visto alguna vez. Era el símbolo de un cabaret bohemio, pero también una especie de “bandera” para los artistas libres, los que no querían seguir las reglas.
Y si hay algo que define a los gatos, es precisamente eso: hacen lo que quieren, cuando quieren.

Los gatos en la escultura

Los escultores también se enamoraron de los gatos. Y cómo no hacerlo, si tienen las líneas más bonitas del mundo.
Desde los gatos egipcios de bronce hasta las figuras modernas de cerámica, los artistas han intentado atrapar esa mezcla de fuerza y serenidad que tienen.

Dicen que es difícil esculpir un gato porque nada en él está quieto, ni siquiera cuando duerme. Pero los que lo logran, consiguen algo mágico: una sensación de vida contenida en la forma.

gato-de-botero-1024x598 Los gatos en el arte
El Gato (1987) por Fernando Botero.

El gato moderno: de los museos al arte digital

Hoy en día, los gatos siguen inspirando arte, aunque sea en formatos nuevos.
Hay pintores, fotógrafos y artistas digitales que los retratan en escenas cotidianas, surrealistas o divertidas.
Y si lo pensamos bien, los memes de gatos también son una forma de arte moderno (aunque más caótica).

Pero todos comparten la misma idea: los gatos nos enseñan cosas sobre nosotros mismos. Sobre la calma, la curiosidad, el descanso, la mirada atenta.


Creo que lo que más nos atrae de ellos es que no necesitan esforzarse para ser especiales.
No buscan atención, no pretenden gustar. Simplemente son.
Y eso, en un mundo lleno de ruido, resulta muy inspirador.

Quizás por eso siguen apareciendo en el arte, una y otra vez.
Porque cuando un gato entra en una pintura o en una escultura, no es un adorno: es una presencia.
Y quien tiene uno en casa lo sabe bien.

Nuestros gatos también son arte

Cada vez que miro a mis gatos dormidos al sol o jugando con una caja vacía, pienso en todos esos artistas que intentaron capturar su esencia.
A lo mejor no tenían modelos profesionales, sino simples gatos domésticos que hacían lo que querían (como los míos).

Pero en el fondo, todos estaban haciendo lo mismo: rendir homenaje a la belleza natural de los felinos.
Porque el arte no siempre está en los museos.
A veces, está ronroneando en tu sofá.

Hasta el próximo ronroneo.
— GATO, donde los humanos escriben… y los gatos mandan.

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